La dignidad humana como “misterio” en el pensamiento de Gabriel Marcel

Por el seminarista: José David Gutiérrez Cruz

Introducción

En este artículo se presenta el pensamiento filosófico de Gabriel Marcel respecto al tema de la dignidad humana como un misterio; su postura se enmarca en la superación de posturas existencialistas e idealistas sobre la conciencia. Bajo tres elementos Marcel presenta el misterio del ser: esperanza, fidelidad e intersubjetividad; a partir de estas experiencias ontológicas, se dará respuesta al narcicismo y hedonismo que infieren en la vida cotidiana de las personas en la actualidad. El modo en que se concentra la filosofía de Marcel es que el hombre ha de vivir en relación con el otro dentro de una fraternidad.

Palabras clave: Misterio, existencialismo, ontología, esperanza, fidelidad, hermandad, dignidad.

Gabriel Marcel, el neosocrático francés

Gabriel Marcel nació el 7 de diciembre de 1889 en París, Francia. A los cinco años perdió a su madre, quedando al cuidado de su abuela y tía. La educación a temprana edad se ve inclinada por la fe protestante y de la filosofía positivista de Platón.

Gabriel Marcel

         Algunas de las motivaciones de nuestro filósofo francés era despertar la conciencia de los demás. A pesar de que a él lo limitaban dentro del ámbito existencialista predicado por Heidegger, ya que algunos de los signos de pensamiento de Marcel se identificaban con el filósofo alemán. Pero el mismo Marcel se decía ser un neosocrático, pues el objetivo de él era claro: «cuestionar y hacer despertar a los otros: invitar a pensar y reflexionar acerca de la realidad»[1].

         Mirar la realidad, o más bien, ser una persona de acción en la realidad, es un ideal que nace a raíz de: los sucesos de la Primera Guerra Mundial y la Gran Guerra. Estos acontecimientos dieron la pauta para el giro de pensamiento en el filósofo francés. Se dio cuenta de que el idealismo no le ayudaba a comprender lo que pasaba, es ahí cuando nace en Marcel la preocupación del humanismo y de la justicia, la gran necesidad de respaldar la dignidad del hombre, y por dignidad entendemos la sacralidad del ser.

La dimensión del misterio

Gabriel Marcel afirma que la ontología del ser (la persona) gira en torno al Misterio de ser, «Marcel entiende […] que la cuestión del ser no puede ser tratada como un problema. En rigor, no habría un problema del ser, […] sino una metaproblemática del ser, un misterio del ser»[2], la dimensión del problema nos mantiene al margen, pues yo formulo el problema, ya sea del otro o de los demás, en cambio en la dimensión del misterio, soy yo quien me cuestiono por mi ser, pregunto sobre lo que ocurre conmigo.

La Libertad guiando al pueblo (Eugène Delacroix en 1830)

         El filósofo francés utiliza la expresión nos (nosotros), para designar el detalle del hombre, que somos seres, quienes no podemos vivir aislados de los que acontece a nuestro alrededor, es un despertar a la realidad. Con esto entendemos porque Gabriel Marcel sostenía que el individuo es conocido desde su realidad, circunstancias y situaciones.

         A partir de esto, Gabriel Marcel fundamenta esta afirmación del Misterio del ser por medio de tres elementos: esperanza, fidelidad e intersubjetividad, también llamados experiencias ontológicas. A lo que acontece con la esperanza, él nos dice, «que la esperanza es un estilo de fluidez, y para llegar a concretar esto, necesitamos de un background»[3], es necesario volver hacia dentro antes de ir afuera, es decir, antes de proponer una vida diferente a los demás, antes de querer cambiar al mundo, primero debemos como está nuestro mundo, necesitamos ver con lo que cargamos, ver nuestra historia, y, a partir de ello, ayudar a los demás.

Para el tema de la fidelidad, Marcel no señala lo siguiente, «para ser fiel a sí mismo lo primero es estar vivo, y precisamente esto no es cosa fácil»[4], una idea un tanto irónica, pues ante esto podríamos decir que todos somos fieles, pero recordemos que es estar vivo para él, sólo aquellos que han despertado a la realidad, aquellos que somos capaces de salir de nosotros teniendo esperanza, esos somos lo que estamos vivos, y esa es la dificultad en la modernidad.

El último tópico es la intersubjetividad, que no es más que comprendamos que el ser es un ser social por naturaleza, y en la donación con los demás vemos cumplido el mandamiento lógico de la vida, amar a los demás como nos amamos a nosotros mismos. Este último tópico será desarrollado con más extensión en el último apartado.

Tendencias modernas contra la dignidad humana

Podríamos hablar de muchas ideologías que atentan contra la dignidad, pero, en este artículo sólo esbozaremos dos: narcicismo y hedonismo.

El caminante sobre el mar de nubes (Friedrich, 1818)

         Se reconocer un hombre narcisista por «su comportamiento egoísta, y por el ansia de ser admirado. Se preocupa sólo por sí mismo. Como, además, carece de empatía, ni siente compasión por las personas que sufren»[5]. Es decir, el hombre narcisista sólo se preocupa por sus intereses, no hay nadie más importante que él. Esto nos da luces para comprender por qué esta ideología va en contra de la dignidad, pues no existe la visión de fraternidad o de preocupación por los demás, no hay apertura ni donación, rompe con la naturaleza social del hombre.

         Ante el hedonismo nos encontramos con una desvirtualización de la dignidad y sacralidad del hombre, pues corre el sano placer, digamos que corrompe las necesidades básicas del hombre. A partir del hedonismo nos podemos encontrar con ramificaciones que atacan a la sociedad actual: consumismo, racionalismo, promiscuidad, superficialidad, etc. 

         Lo que repite en estas dos tendencias es alejarse de la transparencia y de la autenticidad del hombre. Son excesos que debemos canalizar, necesitamos vivir en la libertad y transparencia con los demás, pero, sobre todo, con nosotros mismos, pues no podemos dar al otro aquello que no tenemos en nuestra persona. Es por eso por lo que, estas tendencias no sólo aíslan al hombre, sino que lo hacen menos capaz de mirar por el otro, recordemos que el otro hallamos senderos para salvaguardar nuestra dignidad.

El hombre es digno

La propuesta debe de ser siempre salir al encuentro del otro. Si yo digo que poseo dignidad por naturaleza por el hecho de ser hombre, al ver que es asechada la dignidad de mi hermano, familiar, amigos o conocidos, no tendríamos que quedarnos a la expectativa, ya que podría ser lamentable, la invitación de la filosofía marceliana es conocerse al individuo en medio de las circunstancias, y en la defensa del otro radica una experiencia ontológica que prima sobre las demás, que es la esperanza, pues sin esta no podríamos llegar a la intersubjetividad, ni a la fidelidad.

         En resumen, si decimos que el hombre (todos) es digno, ¿por qué no quedamos distantes de las necesidades de los demás?, o, ¿por qué nos acudimos a los demás en tiempos de dificultad?, tan sólo es necesario un salto de fe, soltar todo tipo de egoísmo y darnos cuenta de que en el otro nos vamos realizando más humanos, sin olvidar que primero debemos regresar hacia dentro antes de ir a fuera.

         Según el italiano Stefano Rodotà «la construcción del homo dignus no puede realizarse fuera de la persona, pues su fundamento está in interiore homine»[6], no es una dualidad, es una gracia que se da en su conjunto, no la demos aislada (la persona), es el lugar determinante de la dignidad. La persona es la conexión que se vincula con la potencia del ser, es la ubicación donde nos vemos interpelados por la justicia y la libertad, la persona y mi persona me hace más digno tanto en cuanto me esfuerzo por velar por mis derechos y cuidar de los derechos de los demás.

La fraternidad

Cuando hablamos de fraternidad, necesitamos comprender no el “como si”, sino el “sí somos” hermanos, «los hombres deben de comportarse unos con otros como si fuesen hermanos»[7].

         En cuanto fraternidad comprendemos que estamos ante un carácter hetecéntrico, «tú eres mi hermano, yo te reconozco como tal, yo te saludo como hermano mío»[8]. Es una aspiración concreta de la igualdad en la vida del hombre, una vida que se ve alejada de los egoísmos, sobre todo en la dimensión del éxito de los demás. Pensemos en el éxito de un amigo, pensemos lo siguiente: cómo fue mi actitud a entéreme de su logro, cuáles fueron mis palabras para él, pensamos que hubiese sido de nosotros si hubiésemos obtenido ese reconocimiento o logro en nuestra vida. A raíz de lo anterior podremos responder a nuestra conducta moral en favor de los demás, pues el hombre digno es capaz de reflexionar y donarse a los demás.

         Al ubicarnos en el plano de llamar prójimo al otro, somos capaces de recibir a luz de los demás, sin esperar nada a cambio, pues, «ya que somos hermanos, es, en verdad, como si el esplendor que emana de tus actos, de tus dones, o de tus obras, recayese sobre mí»[9].

         En la actualidad necesitamos ir más del deber por el deber, es decir, del hacer para que no me digan nada o para que me vean. En la actualidad debemos de proponer una visión a largo plazo, instaurar una empresa que trabaje en pro de los derechos del hombre, sobre todo de su dignidad. El camino debería de ser el amor a los hermanos, y los senderos que nos llevan a esta acción son: la esperanza, la fidelidad y la intersubjetividad.

Conclusión

La propuesta de Gabriel Marcel es actual, no solo para la filosofía especulativa o existencial, sino para la misma vida, y más en medio de las circunstancias actuales de pandemia, donde el encerramiento y la incertidumbre, nos vuelca la mirada hacia lo trascendental y el respeto a las personas que sufren.

El misterio del ser no deja de interpelarnos como miembros de la sociedad; ante las dificultades actuales, las crisis económicas y la ausencia de valores, la propuesta mareceliana nos lleva a recuperar la esperanza en el otro y desde esta plataforma perfilarnos hacia la trascendencia, es decir, a Dios.

Smta. José David Gutiérrez Cruz

Terminó sus estudios de Filosofía y cursa el primer año de Teología en el Seminario Diocesano de Tijuana


[1] Juan F. Sellés, Propuestas antropológicas del siglo XX (Tomo I), EUNSA, Navarra 2006, 327.

[2] Juan Manuel Burgos, AGE, Palabra, Madrid 2013, 109.

[3] Gabriel Marcel, Homo Viator, Sígueme, Salamanca 2004, 54.

[4] Gabriel Marcel, Homo Viator, 143.

[5] Gerardo Castillo Ceballos, «El narcisismo cultural, ¿una enfermedad de nuestro tiempo?», Universidad de Navarra, en : www.unav.edu/web/vida-universitaria/detalle-opinion, (13.10.2017).

[6] Stefano Rodotà, El derecho a tener derechos, Trotta, Madrid 2014, 182.

[7] Jeanne Parain Vial, Gabriel Marcel “Testigos del S. XX”, Fontanella, Barcelona 1969, 192.

[8] Gabriel Marcel, “Dignidad humana y fraternidad”, conferencia que aparece en el libro titulado La Dignité Humaine (Dignidad humana), Aubier, París, 192-193.

[9] Gabriel Marcel, La dignité humaine (La dignidad humana), 192-193.

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